martes, 12 de mayo de 2015

La mosca

-¡Alguien vendrá a visitarnos!- decía mi madre, cada vez que un moscón entraba a nuestra casa, creando un incómodo ruido del que era difícil escapar. A mi madre le gustaba decir frases cuya proveniencia desconocía, pero que la hacían sentir sabia, aunque el mundo la desconociera. 

Una tarde, una pequeña mosca ingresó a mi casa y empezó a perseguirme. Le pregunté a mi madre si conocía alguna frase que tuviese relación con las moscas. Me dijo que no. Después de dos días de persecución, recibí una llamada un minuto antes de ir a dormir. 

Mi mejor amigo había muerto.

viernes, 1 de mayo de 2015

Antonio ya no miente

      
      Su madre le había contado cien mil veces el cuento de Pinocho, creando en él un trauma que hasta ahora lo aqueja. Decenas de espinillas comenzaron a aparecer en su rostro en plena adolescencia, creando una complejidad absoluta de la que mucho le costó salir. Una noche, de esas en las que el sueño se marcha hacia el otro lado del mundo, oyó una voz que decía:
-No mientas, y tus espinillas desaparecerán.
-Ahora resulta que la aparición de espinillas en el rostro han sustituido el crecimiento de la nariz- dijo, mientras intentaba conciliar el sueño.
Antonio ya no miente.

martes, 24 de marzo de 2015

El pasaporte



    Eran las cuatro de la tarde cuando Mariana se disponía a abordar el avión que la llevaría de regreso a Perú. Había estado durante casi un mes en esa ciudad donde todo está al revés, donde ser pobre significa ser rico, donde te cuesta hasta el aire que respiras y donde el viento parece cantar una canción infinita : Londres.

  Mariana había estudiado derecho, pero terminó siendo la asistenta de un reconocido economista. Nunca entendió qué tenía que ver una cosa con la otra, pero lo cierto es que no le iba mal en aquel trabajo que con tanto esfuerzo había conseguido.

   Londres había sido la ciudad que tanto anhelaba conocer. Desde muy pequeña le gustaba viajar en sus sueños, convirtiendo sus sábanas en aviones y su almohada en piloto. Cuando se le presentó la oportunidad de viajar a la capital del Reino Unido, como traductora (porque el reconocido economista no hablaba inglés, aunque en su título figuraba lo contrario),  su corazón pareció dejar de latir, producto de la impresión y la alegría.

   El trabajo que realizó como traductora fue excelente. Ya extrañaba estar nuevamente con su madre y hermana, comer un delicioso ceviche y leer los populares periódicos “chicha”.

 Una inmensa sonrisa se dibujó en su rostro tras escuchar el anuncio de abordaje. Tomó entre sus manos un pequeño equipaje de mano y se encaminó hacia la puerta de embarque. Sus piernas parecían temblar, como si una tragedia estuviese a punto de suceder.

  Luego de unos minutos la inmensa línea empezaba a decrecer y la espera se volvía menor.

-Disculpe señorita, pero este pasaporte no es suyo- le dijo una mujer rubia, trabajadora de la aerolínea.
-¿Qué dice?- le preguntó con un tono de desesperación.
-Usted no es la de la foto. Mire.

  Mariana seguía viendo su foto en el pasaporte, pero la encargada del check-in de la aerolínea no. Había un inexplicable cambio. Nadie lo entendía, nadie lo comprendía. Lo cierto es que esa tarde Mariana no pudo regresar al país que la vio nacer. 

miércoles, 18 de marzo de 2015

Hoy

      

           Jorge se dispuso a escribir un poema en un viejo cuaderno de notas, cuyas hojas contenían sus profundos sentimientos expresados a través de la poesía. Una pequeña foto de su eterna amada se convirtió en inspiración, haciendo que algunos versos se desprendan de su mente de una forma tan natural, que ni él mismo podía creer que los había escrito.


Hoy las olas han pronunciado tu nombre
hoy te he sentido a través del viento
hoy en mi alma has despertado
un profundo y bonito sentimiento

Y aunque te encuentres tan distante
te siento cerca de mí
porque no he dejado de pensarte
desde la primera vez que te vi

Sé que algún día volveré a verte
y prometo cantarte una canción
¡No temas! no quiero tenerte
solo quiero entregarte mi corazón

viernes, 6 de marzo de 2015

Ser niño trabajador I



     Imaginemos que la palabra “erradicación” desaparece junto a todos sus sinónimos. Tal vez ya nadie hablaría de “Erradicación del Trabajo Infantil” y el discurso de las ONGs e instituciones que promueven una “Infancia sin Trabajo” perdería poder de convencimiento al carecer de esta palabra, cuya importancia traspasa los millones de dólares que reciben e invierten en pro de sus objetivos.

     Frases como "No queremos niños trabajando, los queremos estudiando" o "un niño que trabaja pierde más de lo que gana" han sido inevitables escuchar a lo largo de mi etapa como niño trabajador. Frases que, más que transmitir un mensaje inspirador, hieren a quienes formamos parte de este grupo que  aún sigue siendo invisible ante los ojos del gobierno. Y de la sociedad.

    "El paradigma de la peligrosidad" y las posturas anti-trabajo infantil han sido los nutrientes que han permitido el crecimiento de una mirada negativa ante este fenómeno social. Sin embargo, desde mi experiencia personal, ser un "chiquillo que trabaja" me ha ayudado a entender una realidad que existe desde una visión hermenéutica y me ha dado, además, energía suficiente para sumarme a la lucha por la defensa de un "trabajo digno" en lugar de "un país sin trabajo infantil". 

     He oído en más de una oportunidad que la palabra mata. Y es cierto. He sido asesinado muchas veces, pero las ganas de continuar en esta lucha me han resucitado. Los más de tres millones de niños y adolescentes trabajadores peruanos me han salvado de esa muerte eterna, aunque ellos estén muertos socialmente. 

   Podemos escuchar un sinnúmero de opiniones en cuanto a la sociedad, pero lo cierto es que vivimos en una sociedad ciega y sorda. Ciega porque no ve a los NNATs, ese significante sector que lucha cada día por ser reconocido, a pesar de las adversidades políticas y sociales. Sorda porque aunque gritemos, hagamos marchas o consigamos una entrevista en TV (aunque suena complicado al tener una media farandulera), nuestra voz no es tomada en cuenta. Las palabras se las lleva el viento. 
La pregunta es: ¿habrá que romperle los oídos para que aprendan a escuchar por los ojos?

   Las niñas, niños y adolescentes trabajadores del Perú y del mundo tienen mucho que decir. Ellos y ellas, aunque niños, pueden convertirse en los doctores que sanen de una vez la ceguera y sordera que aqueja a la sociedad del siglo.

Pueden decir que estoy loco, pero dentro de mi locura tengo un poco de cordura.

Continuará...

domingo, 22 de febrero de 2015

El encarcelado


¡Estás loco!- me dijo, luego de decirle que se encontraba encarcelado. Lo veía pasar todos los días a lo largo de la avenida “Tarapacá”, junto a su padre, cubierto por una jaula transparente. Parecía gozar la pérdida de su libertad, se veía muy feliz. Sus sentimientos se escondían en una cueva oscura, profunda, en la mitad de su corazón, haciendo que sus latidos evoquen un presentimiento de muerte, una taquicardia irremediable.

Julio, su padre, poseía las llaves que podrían liberar al prisionero, pero las olvidaba en alguna parte de la casa, a propósito, cada vez que salía hacia la calle, haciendo imposible que el niño salga de esas rejas que claramente lo mantenían atrapado, pero que él no las podía ver.

Sentía melancolía cuando lo veía fingiendo ser feliz, aunque él no se diese cuenta que lo estaba haciendo. Me había convertido, pues, en una especie de nano-robot, capaz de viajar a través de ese cuerpo perdido, de esa alma confundida, en busca de respuestas escondidas, de sentimientos fingidos, de ideas aturdidas.

Mi niñez quedó marcada por esa oscuridad existencial, por esas preguntas sin respuestas, por esa pérdida de libertad que no me permitía ni siquiera decir una palabra. Ahora, con algunos años demás, sigo manteniendo el afán de ser liberado y para ello necesito que mi padre, y las personas en general, me faciliten esa llave que tanto anhelaba el niño y que ahora la necesito yo.

Mi amigo canadiense- Parte I


    La sonrisa no se le escapa aunque tuviese problemas. La esperanza tampoco.   

   Su alma parece salir hacia el mundo exterior para salvar a las almas moribundas; su mirada, profunda y única, transmite una sensación de calma eterna y sus gestos, delicados, sumergen a cualquiera a un cuadro de imaginación infinita. 

      Palabras me faltan para describir cuán increíble es. Él es mi amigo, mi compañero de la vida, mi hermano del alma; siempre apoyándome en los momentos de tensión y melancolía, sin importar el tiempo o el lugar. Siempre está allí. Sus consejos me han ayudado a esquivar aquellas adversidades que en algún momento sentí que se apoderaban de mí. 

 Gracias a la oportunidad de estudiar en UWC Atlantic College lo conocí, una tarde de otoño, en medio del bullicio desencadenado minutos después de aquel primer encuentro. En ese entonces mi vago conocimiento del inglés saltaba a la vista, al intentar decir algo más que un “Hello” o What is your name?, o simplemente al quedarme callado al no saber cómo expresar mis ideas en otro idioma.

Igor, Tarek, él y yo hemos hecho del colegio el mejor cuarteto. Su nombre es Julien Couture-Senecal y es de Quebec- Canadá.

¡Te quiero amigo!