miércoles, 3 de agosto de 2016

La Fama


    Eran las dos de la mañana cuando Esteban despertó, casi gritando, luego de haber tenido una pesadilla. Desde muy pequeño había anhelado ser famoso, a pesar de que él mismo no creía tener algún talento para llegar a serlo.

    -Tal vez te conviertas en un famoso sicario, tanto, que hasta la policía de FBI te querrá buscar- le había dicho Andrea, su hermana mayor, quien tomaba a broma cada palabra que su hermano decía.

     Esteban comenzó a preocuparse tras la mala noche. Había soñado que la palabra fama desaparecía del mundo semántico, y con ella sus derivadas. Ya no existían los famosos, todos miraban a quienes aparecían en las películas de Hollywood con igualdad, sin ninguna admiración ni anhelo por conseguir un autógrafo. La economía comenzaba a entrar en crisis, en especial los empresarios de conciertos. Ya los estadios lucían vacíos, los artistas ya no producían nuevas canciones. Esto, por lo tanto, trajo como consecuencias el aburrimiento y una crisis económica que no duraría más de dos horas.

    El pánico se apoderó del muchacho de 13 años, y la tristeza comenzó a embargarlo. El anhelo que había vivido en su alma durante mucho tiempo poco a poco fue desapareciendo, creando en él un sentimiento de culpa.

    -¿Y si somos nosotros quienes hacemos famosos a las personas y no ellos por si mismas?- comenzó a preguntarse.

Esteban volvió a dormir.


viernes, 6 de mayo de 2016

Carta a un padre


Querido papá:
     Extraño mucho cuando sonreías con nosotros, cuando buscabas la manera de sacarnos una sonrisa en los momentos de tensión. Extraño las conversaciones sobre nuestros sueños, nuestros problemas y nuestros recuerdos.
    ¿Dónde quedó ese padre amoroso?
     Durante muchos días intenté que oyeras mi voz, que me tomaras en cuenta como parte de la familia y no sólo como tu hijo, pero me ignoraste completamente y eso me duele mucho, papá. No te imaginas el dolor que estoy sintiendo en mi corazón, al ver que tú y mamá no se dirigen ni una sola palabra, al ver que llegas de trabajar y no preguntas cómo nos sentimos. Me duele tu indiferencia.
Sé que mi abuelo te golpeaba cuando eras un niño y que golpeaba a mi abuela también, pero debes romper con esa cadena. La violencia no es una salida a los problemas, no es la manera de educar o corregir a los hijos. Nuestra familia necesita ternura, amor y comprensión. Si mezclamos estos tres ingredientes podemos obtener la fórmula perfecta para que cese la violencia, para lograr que la correa solo sirva para sujetar los pantalones y no para golpear.
      Decidí escribir esta breve carta para que me escucharas a través de palabras plasmadas en un papel, para que reflexiones y te dieras cuenta de lo que estás haciendo. Mi madre, mi hermana y yo te necesitamos mucho y, aunque no lo creas, te amamos con toda el alma.
Con mucho amor

Tu hijo

sábado, 28 de noviembre de 2015

ANTI-SOCIAL



En más de una oportunidad he escuchado decir que las personas que no hablan son “anti sociales”. ¿Es eso cierto? Cada vez que escucho a alguien pronunciar dicha frase, mi cuerpo empieza a sentir una tristeza muy grande por las personas que jamás en su vida tuvieron la oportunidad de hablar. No es que me refiera solo a los mudos, que por cierto deberían sentirse indignados e incluso molestos con quien inventó esta palabra ambigua, sino también por los oprimidos, por quienes expresan sus ideas y emociones sin necesidad de “gastar saliva”.

Un día, mientras buscaba una palabra en el diccionario, sentí la necesidad de matar a la palabra “anti social” para después descuartizarla y, utilizando el cuchillo de la razón, dividirla en anti y en social. Entonces deposité mi confianza en la Real Academia de la Lengua Española y encontré dos significados diferentes:

Social.- Perteneciente o relativo a la sociedad.

Anti.- Opuesto o contrario

¡Interesante! ¿Acaso los niños, los tímidos, los mudos y todos los que no hablan por desconocidas razones no son parte de la sociedad? ¿Qué poder tenemos para soltar tan inapropiada palabra que no tiene ninguna relación con el “no hablar”? Bien, seguro a muchos los asuntos de la lengua no les importa, pero de hoy en adelante, cuando a alguien se le ocurra nombrar “anti social” a alguien que no pronuncia una sola palabra usando su boca, entonces no sentiré tristeza por los oprimidos y los mudos sino por quien la dice.
La ignorancia a veces nos hace sentir importantes.

Continuará…

Mi amigo canadiense II



¡Qué puedo decir! Durante este año y medio he aprendido que la verdadera amistad supera la distancia, que la vida no se termina por una relación que no tenía futuro. He aprendido que el estrés te condena, pero que tienes la libertad de aceptarla o no. Parte de ello se lo debo al hermano que jamás tuve cuando era pequeño, pero que pude encontrar en este lugar mágico. Me refiero a mi amigo Julien.

Julien se expresa al mundo con total delicadeza, siempre manteniendo un balance entre lo académico y lo social. Alguna vez quise seguir su modelo, pero me di cuenta que no siempre es bueno imitar, sino ser como en realidad eres. Así ha sido y así será.  Aunque no sea una persona locuaz, parte de mis sentimientos y emociones las expreso a través de las palabras. Al fin y al cabo, no deja de ser lenguaje.

Mi amigo canadiense me saca una sonrisa aun cuando la esperanza parece desaparecer del alma. Siempre atento, siempre él. En más de una oportunidad he afirmado que he sido muy afortunado al conocerlo, al haber sembrado juntos un árbol que, aun en otoño e invierno, no deja de florecer.
Julien, hermano, el tiempo es una unidad efímera y los recuerdos se van almacenando en la memoria, como lo hace un escritor en las páginas de un libro. Recuerdos que tienen forma de fotografía, que en el momento menos esperado llegan a la mente y te permiten transportarte al pasado sin necesidad de una máquina del tiempo. Los días se van, es cierto,  y cada día que pasa es un día menos en esta escuela. Pero déjame decirte algo: la distancia es solo una palabra. Estoy seguro que, aunque los años pasen, esa hermandad no dejara de existir entre nosotros.

Orgulloso estoy de ti por lo que estas logrando.

Te quiero amigo


lunes, 26 de octubre de 2015

Cuando la melodía hiere




    Hoy mi profesor de música tocó la nota musical equivocada. No era la primera vez que lo hacía, pero hoy cometió su peor error. La clave musical no fue Do mayor ni La bemol, sino la frase que de su boca salió:

 “Esperé un par de desastres, es decir, dos pésimos resultados en el examen. Estoy muy impresionado con los resultados. Felicitaciones.”
 
   Su frase me provocó una sonrisa que preferí no expresar al mundo exterior. Su frase, asimismo, parecía tener una melodía disjunta y una textura polífona, en donde la confusión y la amargura eran las responsables de la incoherencia en el ritmo.

    Estuve melancólico durante los treinta minutos restantes de la clase. Por un momento quise gritar, como una forma de lucha contra la subestimación. Esa subestimación de la que somos sujetos quienes no tuvimos la oportunidad de estudiar una determinada materia en un nivel de alta calidad. ¡Dichosos sean los que la tuvieron, porque de ellos depende el alabo del profesor! De ello dependerá que sean el ejemplo de la clase, la primera persona en responder.

     Y seguiría escribiendo páginas enteras, pero, como diría Julio Cortázar, “las palabras faltan cuando lo que hay que decir desborda el alma”.



La nuera




   A mi madre nunca le gustó la idea de tener una nuera. No es que quisiera casarme siendo tan joven, sino que el hecho de verme besando a una chica le provocaba una enfermedad incurable.

   Aunque su manera de pensar no influyó en mi pubertad, ahora de joven me persigue, sometiéndome a un cuadro de inmenso miedo y confusión cada vez que me acerco a una mujer.  ¿Habría querido mi madre que me case con un hombre? No lo sé.

  Ayer conocí a una chica, de buenos modales y gran personalidad. Su voz parecía dominar mis sentidos, su mirada me atrapaba. En ese instante, cuando todo parecía volver a la normalidad, me acordé de mi madre, y la chica que había conocido se marchó, sin decirme ni una sola palabra.

  Tal vez su silencio fue la prueba del poder que tienen las madres.




domingo, 25 de octubre de 2015

Cien mil veces



        
    

       Cien mil veces he escuchado que las personas antisociales son las que no hablan. Cien mil veces he sido testigo de aquella exclusión entre culturas que se supone no debería suceder. Cien mil, si, cien mil veces he intentado decirle al mundo que existo, que a pesar de mi silencio, valgo mucho. Y es que el silencio se ha convertido en el símbolo de la mudez. ¿No se han dado cuenta que mudo no es quien no habla sino quien no expresa lo que siente? ¿Acaso no podemos concebir al silencio como una manera de expresión?